Hace algunos días fue el centenario del escritor Roald Dahl. Sus libros han acompañado la infancia de varias generaciones, y, actualmente, sigue siendo una de las firmas más célebres de la literatura juvenil. ¿Quién no ha querido visitar alguna vez la fábrica de chocolate de Willy Wonka? ¿O no ha deseado los súper poderes de Matilda? Si pienso en las brujas del homónimo libro, ¡todavía me entran escalofríos! Cada título que Dahl ha escrito ha sido un éxito mundial y debería ser un capítulo importante en la formación literaria de cualquier niño.

 

Roald Dahl_the witches

“Las brujas” por Quentin Blake

 

Echando un vistazo a los artículos, homenajes y celebraciones promocionadas por el web, tengo que admitir que he añorado mi niñez, yo a Roald Dahl le debo mucho, es uno de esos autores capaces de recordarte tu infancia con un mixto de dulzura y melancolía.

 

Roald Dahl_Matilda

“Matilda” por Quentin Blake

 

¿Y cómo no mencionar de paso a Quentin Blake? Ilustrador favorito para todos sus libros. Es realmente raro encontrar un binomio creativo entre imaginario literario y visual que funcione tan bien como el que establecieron los señores Dahl y Blake. Los dos tenían la misma visión de la infancia como de un momento mágico: una fase en la que la imaginación y la creatividad hacen del mundo un lugar lleno de aventuras. Y los dos sabían expresar sus sentimientos con una sutil ironía.

 

Roald Dahl_Enormous Crocodile

“The enormous Crocodile” por Quentin Blake

 

Me encantaría profundizar más en estas líneas el estudio de mi querido Roald Dahl, pero como me daría para una tesis de doctorado 🙂 , me limitaré a lo que sigue.

He dado con un curioso y original artículo sobre el proceso creativo del autor (que -solo por recordarlo- ha vendido más de 200 millones de libros, ha sido traducido en 58 idiomas, y  ha visto sus mayores éxitos adaptados para cine y  teatro). Me pareció una lectura interesante y la mejor manera de dar una conclusión a esta entrada, que quiere ser un sentido homenaje a una figura tan inspiradora como la de Roald Dahl. Así que aquí te dejo siete lecciones de creatividad a partir de su trabajo.

 

Roald Dahl_siete-lecciones-creativas

 

  1.  Encuentra tu espacio 

Roald Dahl se había construido una cabaña en el jardín en la que encerrarse a escribir. Efectivamente cada mente creativa necesita de un rincón íntimo en el que sentirse bien y dar vida a su propio mundo

 

  1.  Siéntete cómodo 

Como el escritor sufría de un daño a la columna vertebral, hizo un hueco en el sillón de su estudio para poder trabajar durante horas sin sentir dolor. Cualquier cosa que nos simplifique el proceso nos ayuda a liberar la mente de distracciones y a ser más productivos. Parece una banalidad, pero muchas veces, llevados por la ansiedad de “hacer”, pasamos por alto algunos detalles que quizás nos quiten tiempo y nos hagan gastar dinero en un primer momento, pero que al final nos ayudan a mejorar nuestra productividad. Una buena mesa de trabajo, una iluminación más adecuada, algunas herramientas más modernas…son solo unos ejemplos…¡y yo soy la primera a caer en este error 😉 !

 

  1.  Rodéate de cosas que te puedan inspirar. 

En su estudio Dahl guardaba de todo: objetos de familia, modelos de aviones como recuerdo de su carrera en la Royal Air Force, hasta un trozo de fémur procedente de la operación que sufrió en la columna. Lo que nos evoca experiencias pasadas es siempre una buena fuente de inspiración.

 

  1.  Cuando es necesario cierra las puertas al mundo 

Dahl contaba que desde la ventana de su cabaña podía pasarse toda la mañana observando a los muchos animalillos que se pasaban por su jardín…así que para trabajar, cerraba las cortinas 🙂

 

  1.  Aprender a cultivar las ideas 

Las ideas hay que plantarlas cuando son semillas y dejarlas crecer el tiempo que necesiten. El escritor llevaba siempre consigo un cuaderno en el que anotaba cualquier cosa le pasase por la cabeza, una en cada página. Aunque pareciesen insignificantes, siempre podía volver a ellas cuando era el momento.

 

  1.  Disciplina 

Cada día Roald Dhal se encerraba en su cabaña dos horas para escribir, las dos horas eran su límite impuesto. Una restricción permite al cerebro trabajar de forma más productiva y concentrada.

 

  1.  Hacer y deshacer, re-hacer de nuevo. 

Dahl sostenía que la buena escritura es esencialmente un trabajo de corrección. Cada avance comporta una reflexión sobre lo hecho precedentemente, que hay que corregir y reescribir continuamente. Puede parecer frustrante, pero es durante este proceso que las cosas evolucionan y encuentran su forma con más claridad.

 

roald-dahl

retrato de Roald Dahl

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