Cuando me preparo para un viaje siempre necesito hacer una inmersión previa en la cultura visual y literaria de mi destino, entrar un poco en el ambiente para hacerme una idea. Para conseguir este propósito suelo confiarme en el cine, la literatura o las artes visuales y la música.

Así que si leyendo mis precedentes artículos (#1 y #2) sobre mi viaje por el sur de Marruecos  te han entrado ganas de hacer las maletas, pues aquí te doy alguna sugerencia que espero pueda servirte de inspiración.

 

Morocco-tips

 

 Y como al final lo que uno se lleva al irse no siempre coincide con lo que se trae al regresar (seguramente a la vuelta la maleta pese mucho más :-)), he dividido este artículo en dos partes, para diferenciar mi personal “equipaje” de ida y de vuelta.

 

 

 

Peliculas :

El cine te ayuda a construir un imaginario que después durante el viaje iras a consolidar, desarrollar o incluso rechazar, en cualquier caso, te da un buen punto de partida desde el que reflexionar.

Hay muchiiiiisimas películas ambientadas en Marruecos y, claro que no me dio tiempo a verlas todas. Para un buen maratón (quizás acompañado con un sabroso cous-cous ;-)) aquí te dejo algún titulo interesante:

 

  • Dos clásicos: el Otello de Orson Welles (1952), rodado en Essouira, y Casablanca (1942), bueno, en realidad esta última se realizó completamente en los estudios de Hollywood, así que no sería muy correcto incluirla en la lista, espero que los puristas me perdonen.
  • The sheltering sky de Bertolucci (en español El té en el Sáhara, 1990), basada en el libro de Paul Bowles del que hablo más abajo. Todo un peliculón, ¡hay que verlo! 
  • Hideous Kinky de Gillies MacKinnon (1998), basada en la autobiografía Marrakech de Esther Freud (nada menos que la nieta de Sigmund Freud e hija del pintor Lucian Freud). La historia narra el viaje de una madre con sus dos hijas desde Londres a la ciudad roja.
  • Marrakech Express de Gabriele Salvatores (1989), donde el tema del viaje se vuelve metáfora de la huida y de la alternativa a una realidad incómoda. Una película que ha representado las inquietudes de una generación entera.

 

Una maleta llena de libros:

  • Como el tour estaba organizado no me llevé ninguna guía, pero antes de salir leí la Lonely Planet de Marrakech, edición “Itinerarios de autor”, que es la que está ilustrada y que tiene un texto más narrativo. Cada vez que veía algo interesante o curioso me lo apuntaba en un cuaderno para tener en definitiva algunas indicaciones claves durante el viaje.
  • Uno sobre todos me ha acompañado durante todo el recorrido: The sheltering sky, de Paul Bowles (junto a otros del mismo autor). Entre la película y el libro en algunos momentos me parecía ver las cosas con los ojos de la protagonista Kit.
  • Una recopilación de cuentos sobre el Sáhara de Ibrahim Al-Koni. No he encontrado la edición española correspondiente. Es muy interesante porque ofrece una perspectiva del imaginario y la creatividad narrativa de los nómadas del desierto.
  • Las voces de Marrakech, de Elias Canetti. Una colección de voces, olores, gestos e imágenes que nace del viaje del autor a Marruecos en 1954.
  • Historias de Marrakech, de Mahi Binebine: un auténtico cuadro en vivos colores de esta ciudad fascinante. Y cuanto antes espero leer otro título del autor, Caballos de Dios. Me interesa su punto de vista sobre un tema tan delicado y actual como el terrorismo y la radicalización.

 

 

Tips para compras inteligentes:

Sugiero ir a Marruecos ya con una idea clara de lo que se quiere comprar, para evitar perderse entre tanta oferta. Seguramente alfombras, bolsos/maletas y zapatos merecen la pena, porque aquí no se encuentran, al menos no a ese precio.

Marrakech está llena de boutiques con mucho estilo: la más famosa es sin duda 33 Rue Majorelle, que tiene una amplia selección de objetos de diseño y creaciones artesanales con sabor más contemporáneo e internacional. O la tienda de decoración de interiores de Valérie Barkowski con su elegancia y minimalismo.

 

creación de 33 Rue Majorelle

En tema ropa está Warda la mouche le Bis , que mezcla un estilo típicamente marroquí con tintas bohemas: ¡una verdadera explosión de flores, colores y bordados!

Bueno ¡la lista podría ser infinita! Así que te sugiero echar un ojo a este artículo (en italiano) dónde he encontrado muchas direcciones interesantes.

En mi caso, la primera cosa que me quise llevar fueros las especias,

porque no podía quitarme de la cabeza las ganas de hundir completamente la mano en esas montañas de color .

 

spices

 

Pero, no hay que olvidar que en el viaje de regreso – como se guardan en la maleta – con el frío y la humedad del vuelo pierden un poco el aroma y se quedan más grumosas.

Si como a mí te fascina la natural elegancia de las mujeres marroquíes, no vas a poder resistirte a probar sus productos de belleza, que ya solo con sus nombres  evocan perfumes exóticos y texturas sensuales. Yo me limité al kohl y al argán, pero fue muy difícil no caer en la tentación entre jabones, esencias y aceites.

Sin embargo me regalaron un objeto curioso – parecido como forma al tajin- que se utiliza para dar color a los labios, te los deja rojísimos, aunque te pinta también los dientes 🙂 . Y debo decir que una vez en casa ponerse el kohl no es tan fácil como cuando te lo prueban allí.

El argán vale la pena si es puro, porque aquí es difícil que lo comercialicen así, debido al olor tan fuerte imagino. Y también es buena cosa financiar directamente las cooperativas femeninas locales.

Así que para ir de compras, lo mejor es que definas tus objetivos ya que vas a pasar gran parte de tu tiempo regateando. Y si esto no es de verdad lo tuyo, en la Lonely sugieren ir directamente al centro comercial Al Mazar de Marrakech, donde hay un buen surtido de todo y los precios son fijos. Puede ser una buena opción para hacerse una idea del valor de las cosas y así comprar con conocimiento de causa, pero poco tentadora: ¿quién va a querer pasarse uno de sus pocos días en Marruecos en un centro comercial?

Si vas al desierto necesitarás un pañuelo para cubrirte la cabeza y no el que te has traído de casa, ese no vale, así que tienes que comprarte un tagelmust. Pero no te preocupes, tendrás muuuchas ocasiones durante el camino de dar con él. Yo no duré ni un día: nos paramos un momento en Col du Tichka en el Atlas para tomar un café o utilizar los aseos, el tiempo de volver del baño y ya estaba envuelta en mí tagelmust. Mi novio intentó salvarme, pero también se salió de la tienda con su velo.

Hay que decirlo: probablemente tu pañuelo europeo –que te parecía precioso – perderá todo su appeal en comparación con los colores deslumbrantes de los marroquíes: pero, atención, la calidad se verá en el momento en que lo laves, puede dejarte todo perdido de tinta. Así que, ¡lávalo con mucho cuidado! Este fue precisamente mi caso (por suerte no hubo víctimas), pero como el señor que me lo vendió me regaló un pequeño colgante con la mano de Fátima, pues se lo perdoné.

 

Fatima-hand

 

 

Lo que más me hizo ilusión llevarme fue el pequeño dromedario de tela, hecho por una mujer nómada del desierto, que una mañana nos ofreció un té con sus niñas. Yo me llevé el muñequito como recuerdo y le dejé en cambio un montón de rotuladores. Imagino los kilómetros que ya tiene que haber hecho aquel dromedario, y un poco me da lástima encerrarlo aquí en mi piso. Así que le prometí llevármelo en cada viaje como acompañante experto 🙂 .

 

 

Pero claro, en un viaje no te vuelves solo con objetos materiales, hasta puedes no comprar nada (mi primer objetivo, que se reveló un triste fracaso).

Lo que de verdad te aporta es la experiencia. Que también es lo más interesante que se puede compartir, porque confrontarse con los recuerdos de otra gente que ha vivido lo mismo que tú te ayuda a completar tu aventura.

 

Así que aquí van mis mejores recuerdos.

 

¿Con qué me quedo de Marruecos?

 

  • El té de menta: a cualquier hora, humeante y bien azucarado.
  • El olor de las especias: comino, jengibre y limón, curri marroquí (un poco menos picante que el indio), paprika, harissa (¡picante!), azafrán.
  • Los dulces riquísimos perfumados con agua de azahar.
  • Las baghrir, unas crepes típicas marroquíes muy esponjosas con agujeritos, que siempre encontraba en el desayuno acompañadas de mermelada de dátil.
  • Los ojos profundos de las/los marroquíes.
  • El jabón negro para exfoliar la piel antes del baño.
  • Los hermosos jardines con sus geometrías y armonía de colores
  • Bueno, el tajín, ¡claro! Mí preferido: con ciruelas pasas y cebolla.
  • El color de la tierra y de la arena, declinado en todas sus tonalidades –desde el rosa al ocre brillante- y que contrasta tan fuertemente con el cielo azul intenso.
  • La amabilidad de la gente
  • Las cigüeñas, con sus nidos sobre los muros semiderruidos del Palacio El Badí. Para verlas desde cerca aconsejo irse a comer al restaurante Nid’Cigognes, gestionado únicamente por mujeres, ¡la cocina es exquisita!
  • La noche en el desierto: mágica.
  • El espíritu nómada de los tuaregs: me he quedado totalmente hechizada por su cultura.
  • Ah! Que he aprendido a no confundir más un dromedario con un camello

 

dromedary

 

 

restaurant-nid-cigogne

 

 

Bien, espero que algunas de mis sugerencias te lleven a volar hasta Marruecos, aunque sea solo con la imaginación.

 

moroccan-coffe

 

En cambio, si ya has estado allí, ¿cuáles son tus mejores recuerdos?, ¿qué experiencias te gustaría compartir?

 

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2 thoughts on “Inspiración sur de Marruecos”

  1. cuántas informaciones interesantes!, bueno yo probaría esos dulces que huelen a flor de azahar sorbiendo un vasito de té, y me traería especias para hundir manos y narices jaja
    qué rico el camello, o dromedario … aún me lío
    muy chulas las imágenes,
    besos ninaluna

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